Cristina Villadóniga - 20/1/2013

Modern Family: Una familia moderna de lo más convencional

La comedia estandarte de la cadena estadounidense ABC, avalada por millones de fans y múltiples premios, mantiene su fiel audiencia familiar en su cuarta temporada. Aunque también recibe críticas.

Los problemas domésticos y tramas simultáneas de estas tres familias americanas han encandilado a la audiencia ávida de pasar un rato agradable ante la pantalla y sus gags familiares la han hecho ganadora de cuantos premios se han cruzado en su camino: tiene el mérito de haberse llevado por primera vez en la historia el premio Emmy a la mejor serie de comedia en su primer año de emisión y haber repetido la hazaña los dos años siguientes, arrasando además en otras de las categorías de los propios Emmy y los Globos de Oro.

El reparto de Modern Family en los premios Emmy 2012


Y es que ya hace tres años que Modern Family nos acompaña; su piloto se estrenó en 2009 y no ha perdido fuelle en la cuarta temporada actual. Pero Modern Family iba a ser diferente: fue concebida con el título de My American Family y la idea original se estructuraba en torno a un estudiante de intercambio holandés que grababa a la familia americana con la que había convivido en su adolescencia. Finalmente, este planteamiento se desechó por el formato actual, que presenta las tramas domésticas de esta familia de un barrio acomodado de Los Angeles a la manera de falso documental, con los protagonistas dirigiéndose a la cámara en numerosas ocasiones: es el "mockumentary", un término que engloba las palabras inglesas "mock" (parodia) y "documentary" (documental), y que constituye uno de los puntos fuertes de este family show, su esencia y seña de identidad.

Los personajes miran a la cámara en medio de una escena, potenciando el toque final de chiste y reivindicando su conexión con el espectador y la condición de saberse observados, como un reality show. Otras veces se sientan en un sillón y hablan para un cámara no identificado al que le exponen su visión de la situación, lo que la mayoría de las veces supone un fuerte contraste con lo que han dicho o hecho en la escena previa. Son sus confesiones más íntimas, sus opiniones que no suelen querer contar abiertamente, su versión más honesta.

Se analizan a sí mismos abiertamente ante el espectador. Y este es quizás el motivo de su éxito: la posibilidad de ser un observador de las historias cotidianas de estas tres familias emparentadas y de su enorme autocrítica y capacidad para reírse de sí mismos.

Los personajes miran a la cámara, una de las señas de identidad de esta sitcom


Los creadores de la serie (que han sido guionistas en otras producciones de éxito como Frasier o Cheers) se basaron en sus propias "familias modernas" para desarrollar las escenas e historias de esta sitcom que cuenta con humor los problemas cotidianos nacidos en el seno de los nuevos modelos de familia del S.XXI: la familia convencional, la familia homosexual y el hombre maduro casado con una mujer más joven. Tres estructuras familiares y tres fuentes de conflictos en Los Ángeles, con sus casas individuales de dos plantas y jardín, dos coches por
pareja y solvencia económica, un reflejo fiel de lo que constituye el estilo de vida americano:

Por una parte, está la familia convencional formada por Claire y Phil Dunphy y sus tres hijos.

Una pareja peculiar caracterizada por la competitividad de ella en cualquier esfera de la vida y el carácter más conciliador de él, que trata de ser una figura paterna cuyos hijos califiquen como cool, aunque acabe rozando el patetismo en cada uno de sus intentos. Y es que esos hijos pasan bastante de ambos: la mayor, Haley, tiene su interés puesto en los chicos y la popularidad; la mediana, Alex, supera en inteligencia al resto de la familia y lo deja ver siempre que tiene ocasión; y el pequeño, Luke, tiene ideas de bombero que a su padre le encantan y a su madre le asustan.

Por otra parte, tenemos a la familia homosexual: el hermano gay de Claire, Mitch, que vive con su pareja, Cam, y ambos han adoptado a una niña vietnamita, Lily. Mitch es abogado y Cam un apasionado de la música y los disfraces de payaso, pero ha renunciado a todo ello para ser amo de casa.

Por último, está el padre de ambos, Jay Pritchett, que se ha casado en segundas nupcias con Gloria, una colombiana explosiva treinta años menor que él que adora expresar sus opiniones bien alto y reivindicar su origen latino ante cualquier nimiedad estadounidense. Gloria tiene un hijo de una relación previa, Manny, que a su corta edad ya se comporta como un adulto y ambos son los personajes que encumbran al resto del reparto (imprescindible verlos en versión original).

La cuarta temporada de Modern Family gira en torno al embarazo de Gloria (Sofía Vergara)


El pasado 26 de septiembre se estrenó la cuarta temporada que arranca con el 65 cumpleaños de Jay y el embarazo de Gloria, que se resiste a comprarse ropa premamá y dejará momentos hilarantes. Cam sigue intentando adelgazar y Claire está deseando ver a la guapa mujer de su padre coger unos kilos de más, mientras tiene que lidiar con los problemas universitarios de su hija más rebelde. Matthew Broderick será una de las estrellas invitadas.

El inicio de rodaje de esta cuarta temporada estuvo salpicado por la huelga reivindicativa de sus actores adultos, que pedían un aumento de salario: cancelaron los ensayos hasta que la productora accedió a subirles el sueldo de 65.000 dólares por episodio a 175.000. Ante el éxito conseguido por los actores más veteranos, el reparto infantil no se quedó atrás y siguió su ejemplo, logrando triplicar sus ganancias hasta un total de 60.000 dólares por episodio.

Matthew Broderick es una de las estrellas invitadas en esta cuarta temporada


Dejando a un lado los temas económicos, lo cierto es que Modern Family arrasa en audiencia y premios en cada una de sus entregas. Con más de 13 millones de espectadores de media en EEUU, este family show, no obstante, no se libra de las críticas: asociaciones de gays y lesbianas manifestaron su contrariedad porque la pareja gay nunca se besaba (lo resolvieron en la segunda temporada con un episodio llamado "El beso") y, a pesar de tratar con temas latentes como segundos matrimonios, adopciones gays, inmigrantes, etc., acaba siempre reivindicando la fortaleza del vínculo familiar a través de los valores más tradicionales; una visión conservadora que los ha convertido en uno de los shows más apreciados por los republicanos.

Y es que los 22 minutos de cada episodio tienen moralina, aunque aderezada con altas dosis de humor, por supuesto. Se estructuran sobre la base de un conflicto, un mal entendimiento y acaban siempre con un abrazo y un aprendizaje. Son lecciones de cómo actuar correctamente, de ser una buena y amorosa familia y de comprenderse mutuamente, rozando la sensiblería.

La modernidad queda relegada a la simple estructura familiar, pues las actitudes son de lo más convencionales, una familia ideal con sus pequeños conflictos que se resuelven día a día: el cuidado de los hijos, el hecho de hacerse mayor, o las inseguridades y aspiraciones de pareja son sus temas clave.

Pero Modern Family no tiene intención de ser más de lo que es: una fresca distracción televisiva para pasar un rato agradable en familia.

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