A J.K. Rowling su fama la precede. Ganadora de numerosos premios y galardones honoríficos como la Orden del Imperio Británico, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, la Légion d’Honneur de Francia o el Premio Hans Christian Andersen, su historia es bien conocida: Joanne Rowling (1965, Gloucestershire, Inglaterra) era una madre soltera británica con problemas económicos que sobrevivía gracias a las ayudas estatales por desempleo y que un afortunado día, en un viaje en tren, concibió la historia de un niño mago que la encumbró al éxito. En muy poco tiempo, la mujer de orígenes humildes se convirtió en multimillonaria.
Tras el fenómeno editorial y taquillero de la saga Harry Potter, con más de 450 millones de ejemplares vendidos y 8 películas, J.K. Rowling ha dejado el mundo mágico de la literatura infantil y juvenil para intentar adentrarse en el universo más crudo de la literatura para adultos. Pero su primer trabajo es una novela decepcionante, desesperante por momentos, cuya técnica narrativa deja mucho que desear. Una novela innecesariamente trágica, absurdamente escabrosa y fatalmente planteada en 600 páginas que se hacen eternas por falta de gancho, comparaciones llenas de infantilismo y un exceso de personajes y adjetivación mal encauzado.
NOVELA - Salamandra, 2012. 608 páginas. 23 euros.
La historia comienza con la repentina muerte por aneurisma cerebral de Barry Fairbrother con poco más de cuarenta años, mujer y cuatro hijos, y avanza con las reacciones ante la misma de los vecinos del plácido pueblecito inglés (imaginado) de Pagford. La noticia se extiende como la pólvora y provoca una batalla por cubrir la plaza vacante que tras el deceso queda en el concejo parroquial del pueblo, una auténtica pugna entre vecinos que presentan sus candidaturas y ven como sus trapos sucios salen a la luz, sus miserias y perversiones. Un retrato de la Inglaterra más profunda, donde se combina la clase media británica, dueña de tiendas de delicatessen, doctores o profesores, y la clase más marginal, que vive gracias a subsidios estatales y hundida por adicciones de heroína en una urbanización con jardines llenos de basura.
Pero una novela para adultos no puede calificarse como tal únicamente por tratar drogas, sexo, palabrotas o desgracias. Necesita abordar los temas presuponiendo una inteligencia del lector que Rowling parece obviar al insertar explicaciones innecesarias por boca de sus personajes:
"Mary se había derrumbado al ver a Tessa: se le había echado a los brazos y había ocultado la cara en su cuello soltando un gemido desgarrador. Mientras lloraba ella también, y sus lágrimas resbalaban por la estrecha espalda de Mary, había pensado con asombrosa claridad que el ruido que estaba haciendo su amiga se llamaba plañido".
Además, el mencionado exceso de personajes juega en su contra: por más que trata de caracterizarlos, los personajes son vacíos, sin carisma, poco interesantes y, muchas veces, poco creíbles. Salta de un personaje a otro, de su pasado a su presente, tratando de definirlos sin cesar: hasta la última hoja del libro hay descripciones. Pero solo se queda en el cliché, no accede a lo más íntimo de lo que debería ser y el reparto de tiempos y acciones dedicados a cada uno es demasiado desigual. Por otra parte, el uso de paréntesis (cuyo contenido se extiende en ocasiones durante varias páginas) se hace bastante frecuente para evocar eventos pasados, recuerdos o conversaciones, pero no está clara la necesidad de los mismos ya que las descripciones y referencias al pasado también están en los párrafos normales.
Sin embargo, lo peor de la novela, sin duda alguna, es la excesiva adjetivación y la mediocridad de las comparaciones. Los adjetivos sobrecargan el texto de manera muy molesta, no hay frase sin adjetivo (valgan como ejemplos:
"Terri apartó de un manotazo una lata de galletas vieja y rajada que había en una de las sucias y maltrechas butacas" o
"La luz que entraba por las sucias ventanas cubría las polvorientas pantallas de molestas motas"). La adjetivación extrema llega al punto de calificar el viento como
"perverso" o
"despiadado" o la sangre como
"líquido oscuro y misterioso".
En cuanto a las comparaciones, carecen de madurez e incluso de sentido, siendo la mayoría de ellas más propias de un libro como Harry Potter que de una novela para adultos: de uno de los personajes, al enterarse de la muerte de su amigo, dice que
"sentía un dolor tan grande y descontrolado que la aterrorizaba; era como si una bestia malvada hubiera surgido de entre las tablas del suelo"; o cuando se refiere a que la ciudad vecina empezó a construir viviendas hasta el límite territorial del pueblo y dice
"pero entonces, según aseguraba la leyenda local, llegó la repentina oscuridad que acompaña siempre al hada mala"; o en el funeral de su amigo, uno de los personajes se sienta en el primer banco tras llevar el féretro y lo compara con
"ir en el primer asiento de una montaña rusa, llevándose la peor parte de cada giro espeluznante, de cada bajada de infarto"; o, ya para finalizar con los ejemplos (habría muchos más), cuando habla de piel abrasada por aceite hirviendo y dice "
Terri llevaba una camiseta de tirantes que le dejaba al descubierto la piel quemada del brazo, el cuello y la parte superior de la espalda formando pliegues y arrugas antinaturales, como de helado fundido". Igual que en Harry Potter se atisbaba la madurez entrelíneas, aquí se huele el infantilismo de una forma desmesurada; no se pueden atemperar las cosas de semejante manera.
J.K. Rowling
A pesar de que J.K. Rowling no concede muchas entrevistas, ha declarado a diversos medios de comunicación que
"Una vacante imprevista" es una novela sobre la moralidad y la mortalidad, como en su día lo fue Harry Potter, pero contemporánea. Lo cierto es que moralidad y mortalidad son temas centrales, pero aderezados con violencia doméstica, asistentes sociales, heroína, violaciones, abusos sexuales a menores y otros temas sórdidos, demasiado gratuitos. El problema es que no puede sostenerse semejante nivel de atrocidades con una escritura edulcorada que mezcla de manera poco acertada tragedias y pensamientos naífs. Por poner un ejemplo: insultos como
"puta y zorra" o
"que te jodan vieja desgraciada" se ven seguidos por
"Nunca le había dicho: 'me fallaste abuelita'. Nunca le había dicho: '¿por qué no me dejaste que me quedara contigo?'. Nunca le había dicho: 'te quería más que a nadie en el mundo, abuelita'" (todo ello en palabras y pensamientos de una drogadicta que va en busca de heroína).
Al final, todo queda en una visión panorámica de un pueblo, sus adultos y adolescentes, las relaciones entre parejas, padres e hijos, profesores y alumnos, ricos y pobres, que se combinan con desgracias, robos y marginalidad, haciendo especial incisión en la radiografía de unos adolescentes ingleses en cuya caracterización no se priva de tocar las partes más míseras de sus jóvenes existencias. En una novela como ésta está clarísimo que la tragedia está acechando: tras 570 páginas sin apenas acción, la autora cierra el libro con un (previsible)final apoteósico.
En cualquier caso,
"Una vacante imprevista" tiene garantizado el dominio de las listas de bestsellers mundiales; el nombre de Rowling es suficiente. Tras cinco años sin publicar nada, la llegada de esta novela era esperadísima y se ha convertido en un éxito de ventas en el mundo anglosajón, donde salió al mercado el 27 de septiembre con el título
"The Casual Vacancy". La versión castellana, que salió a la venta de forma simultánea en España y América Latina el 19 de diciembre, tiene visos de convertirse en un éxito arrollador. Además, la cadena británica por excelencia, la BBC, ya ha anunciado que transformará la novela en una miniserie cuyo estreno se prevé para 2014.
Lo cierto es que la crítica no es unánime y el nombre de su autora despierta mucha curiosidad. La literatura, como todas las artes, es subjetiva: a unos les gustará "Una vacante imprevista" y a otros no, pero parece dudoso que alguien pueda calificarla como obra maestra. Si no sois muy exigentes, encontrareis un entretenimiento pasajero; si en cambio lo sois, considerareis esta novela como un libro totalmente prescindible.